—El que zurza alguna ropa, de que está vestido, y no se la quite antes de hacerlo, ya nunca podrá desnudársela. Como observareis, se diferencia esta superstición ilocana de la análoga malabonesa.
—El que se muerde la lengua, sepa que de él se está hablando en otra parte.
—Cuando los de Ilocos Norte arrojan ceniza, exclaman: ¡Jesús, María y Josef! apartaos amigos, que voy á arrojar ceniza, porque temen tocar á algún espíritu maligno ó sea el consabido sangsangkabagí.
—El hijo que pone las manos en sus padres, será desgraciado y maldito.
—Cuando un ilocano está gravemente enfermo, es asistido por varios amigos ó deudos durante toda la noche, turnando; y si uno de los que están de turno, se queda dormido ó tiene muchas ganas de dormir, el paciente morirá.
—Los ilocanos para hacer el basi, vino que extraen de la caña-dulce, encierran el líquido después de preparado en una tinaja para su fermentación, y cuando después de un año abren la tinaja, prohiben ver en el acto el contenido, pués cuentan que de lo contrario se vuelve vinagre el basi. También prohiben ver, cuando abren por primera vez la tinaja, el bagon en conserva, porque, dicen, se corromperá.
—Es de mal agüero la caída de un hombre desde una casa en construcción y los ilocanos suelen deshacer lo empezado, si ocurre este suceso.
—Cuando los solteros sueñan con una soltera, dán una vuelta á la almohada, á fin de que la soltera sueñe también con ellos.
—Será sordo, cuando llegue á grande, el niño que tenga por juguete algún pudunan (este vocablo ilocano no tiene equivalente en castellano, es un cañuto sin nudos, en el cual enrollan hilo de algodon ó seda.)
—Es malo morder, ni por cariño, el cuello de los niños, pues cuando queden grandecitos, si les cojemos en brazos, inconscientemente los soltaremos por su travesura.