—«De los esposos, muere primero aquel que tenga la oreja mas pequeña.»
Así creen los españoles. Los ilocanos aseveran que los que tienen oreja pequeña, tienen vida corta, y vice-versa.
—En España está bastante generalizado contar cosas ridículas sobre los antojos. En Ilocos es creencia que el niño debe tomar el color ó forma del objeto con que se antojen las preñadas.
—Los españoles y portugueses observan para averiguar el sexo del feto con que pié acostumbra la preñada á subir primero una escalera; si el derecho será niña, y si el izquierdo, niño. Los ilocanos observan cuando la preñada se levanta de la cama, que pié levanta primero al andar; según sea el derecho ó izquierdo, será varón ó mujer el que nazca.
—«El niño que nace de pié (en ilocano se llama súni es dichoso;»—dicen los castellanos. Los de Ilocos creen que tiene el tal niño la virtud de hacer pasar la espina que se clava en la garganta del que come pescado, con solo sobar lijeramente aquella parte, ó con invocar el paciente el nombre del súni.
—Cuando los niños recien nacidos miran al techo y se ríen es que ven angelitos, afirman los andaluces. Los ilocanos creen que en ésto, los niños se sonrien, porque se les aparece su ángel de la guarda.
—Para quitar el hipo á una persona, conviene que beba siete buches de agua, según los portugueses. Tambien los ilocanos beben agua.
—Es señal de muerte el que el enfermo manifieste deseos de vestirse y empieze á arreglar su cama. Los ilocanos tienen otra señal muy parecida, que es cuando el paciente se limpia las uñas.
—Los ilocanos y españoles rezan un padre nuestro, en sufragio del alma del que en sueños se les aparece, para que no vuelva á hacerlo.
Los aparecidos—según el vulgo de Ilocos y Asturias—sólo se aparecen á los que sean capaces de resistir las emociones que su presencia ha de causar: á veces solo se anuncian por la voz, como ocurre por conducto de los maluganan, de que hablamos en la pág. 46; y en otros casos—aunque son los menos—revisten formas de animales, como el alma de un tal Insó (Lorenzo) Manangkonq, que murió en Vigan, y que después volvió en forma de perro tísico al mundo para sufrir una pena impuesta por el Eterno. Los asturianos cuentan que el alma en pena se despide dando una bofetada á la persona que cumple lo que el difunto la mandó; y los ilocanos atribuyen á pellizcos de almas el cardenal con que algunas personas suelen amanecer sin haber recibido golpe, ó lo han recibido sin sentirlo.