Astoll me contestó con un artículo digno de su autor, en el que se leían entre otras las siguientes líneas, que trascribo por la verdad que encierran:

“Solo suponiéndole dotado de una gran dosis de buena fé, se alcanza á comprender el entusiasmo y la fé que le animan en una empresa, por demás noble y civilizadora, pero completamente estéril donde por lo visto, solo crecen lozanos el camagón y el molave.

Sin embargo, el citado escritor dijo:—“quiero también llevar á ese campo que V. cultiva con esmero, el grano de arena salido de las sinuosidades de mi cerebro.”

Y pasando á demostrar la utilidad del Folk-Lore filipino escribió:

“De lo que no sabemos nada, absolutamente nada, es de ese pasado misterioso cubierto aun por espeso velo que no han logrado romper las escasas investigaciones de algunos hombres, y que oculta cuidadosamente la cuna de estos pueblos.—Y por eso la ciencia antropológica sabe del hombre filipino tanto como de los habitantes de la luna. Y la etnología, la etnografía, la lingüística y otros ramos del saber, solo saben … que no saben nada … Y teniendo en cuenta por otra parte, que el primitivo pueblo filipino no dejó su pasado escrito en papeles ni monumentos, claro aparece que solo en la tradición, en las prácticas supersticiosas, en las costumbres primitivas que hoy se conservan por muchos, es posible encontrar los materiales necesarios á la obra histórica que nos ha de proporcionar el útil conocimiento de tiempos y cosas que pasaron.—Cuando la locomotora cruce los campos filipinos y ponga en comunicación todas las provincias, llegarán á éstos los hábitos y costumbres de los modernos pueblos y desaparecerán, como van desapareciendo de Manila, los usos propios de este hermoso país.—Y si antes que esto ocurra, no se han recogido los materiales existentes, la historia perderá una de sus hojas mas curiosas; aquella destinada á las regiones levantadas sobre el Océano.—¿Quién puede impedir que esto suceda? ¿Quién se dedicará á explotar los tesoros de la tradición?—El Folk-Lore podría encargarse de ello.—Por eso yo he creido que esa institución era la llamada á crear el museo donde los doctos estudiasen mañana el pasado de estos pueblos. Y por eso he defendido la importancia del Folk-Lore; y he tributado á V. mis plácemes y alabanzas.

“Además, en el Folk-Lore podría quizás tener orígen la poesía filipina; es decir, la poesía inspirada en asuntos filipinos y nacida en la mente de vates filipinos. Y aquí oigo ya, Sr. de los Reyes, las burlonas carcajadas de alguno de esos faroles, que tanta gracia le han hecho á usted. Pero déjelos que se rían, porque esos mismos se reían también de otras manifestaciones del ingenio de este pueblo, y luego bajaron la cabeza confundidos ante los laureles de Luna y Resurrección. Y no hay que dudarlo, en las tradiciones populares del país brotará algún día la fuente de la inspiración, si esas tradiciones llegan á ser del dominio público. En esas tradiciones y en esas prácticas supersticiosas, que V. va dando á conocer, podrán inspirarse algún día vates insignes, amadores entusiastas de las peregrinas bellezas de este rico vergel.”

Y en otro artículo dijo el mismo autor: “Y si sus trabajos é investigaciones (los del Folk-Lore) hacen relación con pueblos como el filipino donde el carácter de los naturales ha sido retratado únicamente por brochas de torpes enjalbegadores, compréndese bien cuanto habría de ser el provecho que de esa institución podría obtenerse.

A su segundo artículo, repliqué demostrando que la tarea folk-lórica no era obra de romanos y aludiendo directamente á ciertas corporaciones que hubieran podido acometerla.

Y el ingenioso y benévolo Astoll se limitó á contestarme lo siguiente:

“Voy á concluir con un párrafo que no reza contigo, amable suscritor; se dirige al Sr. don Isabelo de los Reyes, á quien felicito por su última eruditísima carta, que he leido con placer. Cumplo gustoso este deber de atención, pero como desgraciadamente, en el asunto del Folk-Lore sigo las corrientes de un pesimismo funesto, no puedo sostener una polémica, á mi juicio completamente estéril.”