La prudencia no le podía haber dictado otra cosa.

Y con esto concluyó la polémica, que iba á ser interminable, si mi distinguido contrincante no la hubiera cortado, porque con ella yo creía propagar las ideas folk-lóricas y despertar afición á ellas, aunque realmente estaba del todo conforme con Astoll, por lo que escribiera en mi primera epístola: El pesimismo de usted me espanta, quizás tan solo porque se opone al ideal que yo acaricio. Y en la segunda, estas palabras: Aunque muy bien puede ser que mis veinte años de edad aun no me hayan dado á conocer la gente de mi propia casucha.

Meses antes de esta polémica dije á los folk-loristas peninsulares, que me invitaban á promover la organización de sociedades folk-lóricas en Filipinas, lo que mas tarde me había de repetir Astoll, por lo que el Sr. Director del “Boletin Folk-lórico” de Sevilla me contestó aquellas palabras, que he trascrito en mi segunda epístola, para animar á Astoll: “por muchos obstáculos que se opongan á un pensamiento tan grande como el mundo, aquel se desarrollará.”

Días después de haber yo publicado mis artículos folk-lóricos, se insertaron en La Oceanía Española otros de Bulacan, Pampanga y Tayabas, debidos á los ilustrados jóvenes filipinos don Mariano Ponce y Collantes, el Sr. Serrano Lactao y D. Pio Mondragon.

Para escribir artículos folk-lóricos, se necesitan buena fé, exactitud y verdad absoluta, estando desterrados del Folk-Lore las prosas y todo lo que sea puramente imaginario, porque se trata de reunir datos para las ciencias y claro aparece que aquellos deben ser positivos.

Ahora bien: si esta colección de mis artículos folk-lóricos tiene algun mérito, que no encuentro, consistirá únicamente en la fidelidad y buena fé en la descripción, y en su novedad, versando sobre conocimientos populares y costumbres de las que no se leen con frecuencia en los libros sobre Filipinas.

Y tanta es mi imparcialidad, que he sacrificado á la ciencia el cariño de los ilocanos, pues que se quejan de que he sacado á relucir sus prácticas no muy buenas.

Pero he de advertirles que he recibido entusiastas plácemes de varios sábios de Europa, los cuales dicen que con el Folk-Lore ilocano, dejando á un lado patriotismo mal entendido, he prestado señalado servicio á Ilocos, mi patria adorada, pues con él he dado materiales abundantes á los doctos para que puedan estudiar su prehistoria y otros problemas científicos, referentes á aquella provincia; y mis artículos publicados en La Oceanía Española, fueron traducidos al aleman por las muy importantes revistas científicas de Europa el Globus y Ausland, lo cual prueba que se trata de algo mas serio que el ridiculizar á mis paisanos, que ya sabrán corregirse, después de verse retratados.

Y hablando de patriotismo, ¿acaso no se ha dicho varias veces en periódicos que para mí solo son buenos Ilocos y los ilocanos? Esos artículos y gacetillas de la prensa filipina dando á conocer los méritos de éstos, defendiéndoles y pidiendo para ellos buenas reformas, ¿á quién se deben?… Cada uno sirva á su pueblo segun su manera de pensar, y yo con el Folk-Lore ilocano creo contribuir á esclarecer el pasado del mío. Todo esto he sacado á relucir, porque para mí, el peor de los hombres es el infeliz que no esté dotado de ese sentimiento noble y sagrado, que llaman patriotismo.