Esta se otorga en otra visita. Se tratará de los bienes, que el novio debe aportar al matrimonio. Estos se llaman sab-ong, y los constituyan cierta cantidad de dinero, si el pretendiente es rico, terrenos, alhajas, valiosos vestidos, bonitas chinelas; si de pobres se trata, bastan un arado montado y lo necesario para ganar modestamente la subsistencia.

En la víspera de la boda, los parientes del novio se reunen en la casa de éste y juntos, á veces con una orquesta al frente, se dirigen á la casa de la novia para entregar el consabido sab-ong y unos cestillos primorosos, que contienen finísimo algodon, un puñado de arroz de primera clase, un salero, un tabo blanquísimo (corteza de la fruta de coco, que les sirve de vaso para beber,) y varios caprichosos cucharones de madera, llamados alló.

Sirve el algodon, según él vulgo, para que los futuros cónyuges no carezcan durante su vida de buenos, vestidos; el arroz, para que siempre tengan el necesario alimento, pues este cereal es su base; el salero, á fin de que no les falten manjares; el tabo, para que no perezcan de sed, y los cucharones, para que tengan todo lo necesario para vivir.

Pocos días antes de la boda, prohiben al novio sus deudos pasear ó ir á los campos, y según el vulgo, en este tiempo le amenazan muchos peligros.

Hé aquí otras preocupaciones relativas á los casamientos.

Si la novia contesta en voz muy baja, cuando el sacerdote le pregunta su nombre, los desposados no tendrán buena unión.

Si cae casualmente una de las arras en el acto de las ceremonias, los cónyuges derrocharán el dinero.

Cuando los desposados se dán la mano, la novia suele pisar algún pié de su futuro esposo, para que ella pueda dominarle después.

De los desposados, el que tenga vela más resplandeciente, tendrá vida más larga.

Al llegar los novios de la Iglesia á la casa de los regocijos, se detienen en la escalera. La comitiva á veces entona un himno sui géneris, lleno de ¡Albricias!, arrojando flores á los desposados. Después, van los padrinos por velas, que entregan á sus ahijados y juntos suben. Es preocupación que si uno de los cónyuges se adelanta al otro á subir, alguno de ellos cometerá adulterio y tendrán una vida ruidosa.