Es creencia que metiéndose cierta cantidad de azogue en la boca ó en el recto del cadáver, éste se levanta á perseguir á los concurrentes y cae apenas tropieza con cualquier objeto.
Visitas. El cadáver suele permanecer 24 horas en la casa mortuoria, á donde acuden á visitar los amigos del difunto.
Estos preguntan qué enfermedad causó la muerte y los de la casa refieren el asunto con todos sus pormenores, echando la culpa á alguno, pues en los pueblos ilocanos, no se muere si no por culpa de un prójimo.
Las viudas (raras veces los viudos) de la clase media é inferior suelen plañir, recitando el poema de su unión, desde sus primeras relaciones de amor hasta las últimas palabras ó encargos del difunto. Como es natural, todo el auditorio se entristece, derramando amargas lágrimas.
En las provincias ilocanas es costumbre que alguno ó alguna esté al lado del cadáver, cuidando de que las moscas no se posen en él. En algunos pueblos las parientas cercanas del difunto suelen turnar en plañir alrededor del cadáver. Los lamentos suelen ser estudiados de antemano y cantados en tono menor sui géneris. Los hay conmovedores y otros que incitan á reir, como la siguiente estrofa:
¡Ay anakko bung̃a!
Bilbilinenka, ama;
Ta no makitam ni Kal-lá
Pakomustaamto komá.