Sus ataudes son adornados con flores de papel, singulares y curiosos.

Antes de cerrar el féretro, los hijos ó nietos del difunto besan su mano, oyéndose desconcertadas sollozos. Las viudas ó las cercanas parientas suelen prorrumpir en desesperados gritos.

Desde el día del entierro, comienza el novenario en sufragio del alma del difunto. Por la mañana las mujeres de los parientes y amigos íntimos del finado oyen misa en grupo; después van á la casa, mortuoria á orar por el alma de él y terminado el rezo, desayunan. Por la tarde vuelven á reunirse en la casa mortuoria para rezar.

El último día del novenario, que llamamos panagpamisa, se celebra con una reunión, que viene á ser una fiestecita.


Preocupaciones sobre difuntos. Las hay muchas y varían según las provincias; pero debemos advertir que las prácticas supersticiosas son en las provincias ilocanas como otras partes, propias solamente de los campesinos, siendo rarísimos los principales que las siguen.


Ilocos Norte. Al llegar la viuda ó viudo á la casa mortuoria, viniendo del cementerio, despues de la sepultura del cadáver, se le hace sentar en un rincon, de donde solo se levanta cuando vá á dormir ó á la Iglesia; y dos viejas no se separan de su lado. La viuda en esta posición, no se fija en ningún objeto, teniendo siempre la boca tapada con una mano.

Las ventanas del cuarto donde está ella, se cierran durante el novenario. En cambio, todas las puertas de la casa se abren á todas horas, para que pueda entrar la sombra del difunto, por si algun encargo tiene que comunicar á la familia.

Según una conseja general en Ilocos, el alma vuelve al mundo al tercero y noveno día de la muerte del cuerpo, para visitar los lugares, donde había estado en vida, como ya hemos dicho en el capítulo anterior. Es como una sombra, y no puede caminar en medio de la casa sino apegada á las paredes. Muchas veces abraza á los vivos por la espalda y se agarra á aquella parte; entónces, para que se largue, debe uno coger un ramo espinoso y azotarse la propia espalda.