En Ilocos Norte, se distingue mejor el alma, que sale de este mundo (cararuá), del alma ó sombra, llamada anioaás ó alaliá.
Creen allí que el hombre al morir, deja rastros de su existencia en el mundo, que los naturales llaman arariá ó anioaás (alaliá en Ilocos Súr) y es general la creencia de que esta sombra sobrevive en la tierra, lastima, mata, apaga las luces, frecuenta los lugares donde el difunto solía estar en vida; á veces toma la forma del mismo finado y suele aparecer á sus allegados. Muchos ilocanos aseguran haber visto sombras.
En Ilocos Súr, se cree que anioaás es diferente del alaliá: es como una sombra invisible que se desprende del cuerpo humano, aún vivo, que repite lo que aquel haya hecho. En Vigan á eso de las ocho de la noche íbamos á la Iglesia á escuchar lo que hacían los anioaás, cuyas pisadas, según se decía, se oian á aquella hora. Se toman por anioaás, otras veces, los fuegos fátuos.
El día siguiente al del entierro, hacen una mecha de trapo, enciéndenla y ván al rio. Aquí queman varias pajas de palay, de cuyas cenizas hacen una infusión mezclada con basi. Con esta lejía se lavan todos la cabeza.
Luego, una vieja, viuda por añadidura, agarra la cabeza de la viuda ó viudo, la sumerge y hace dar tres vueltas debajo del agua, cuya ceremonia se repite tres veces.
Después del baño, se retiran á la casa del duelo y allí toman la golosina indispensable llamada niniugan, que se confecciona de arroz pegajoso diket, y coco, sin azúcar ni nada dulce; entonces es bueno comer frutas de amargoso, para no contagiarse de la enfermedad, del difunto.
Antes de sentarse los concurrentes á la mesa, colocan un plato de niniugan en algun rincon para la sombra del finado.
En la noche del quinto día, varias viejas y viejos parientes acompañan al viudo ó viuda, guardando absoluto silencio en el camino, á cualquiera sementera, donde tengan parientes, á cuya casa suben y le hacen al viudo asomar á la ventana. Si vé algún varon, es probable que se case otra vez; y viceversa en caso contrario.
En el último día del novenario, confeccionan golosinas de diversas clases y matan vacas y cerdos (si es rica la familia). Descuartizada la res, cuando de ella nadie ha comido aún, ponen un pedazo en el plato y lo colocan en algún rincon para el difunto. Si algún pillastre hurta el contenido del plato, los de le casa creen como dogma de fé que se lo ha comido el alaliá (sombra), pues según la preocupación, el que se atreva á hurtar este manjar crudo, irremisiblemente padecerá grave enfermedad.
Una mesa, espléndida de golosinas y manjares, se pone desde el toque del Angelus; pero nadie puede sentarse á dicha mesa, sino después de las ocho de la noche y de las oraciones en sufragio del alma del finado.