El Ática, y los países comarcanos estaban entonces sobrecargados de habitantes, y las conquistas de los Heráclidas habían hecho refluir en ella la nación entera de los jonios, que ocupaban doce ciudades en el Peloponeso. Los hermanos de Medonte, que reinaba en Ática, condujeron a aquellos extranjeros a las ricas campiñas donde termina el Asia, a la parte opuesta de Europa. Esta colonia a favor de las conquistas que hizo entre los bárbaros se vio muy pronto dueña de tantas ciudades como tenía en el Peloponeso, entre las cuales sobresalían Mileto y Éfeso, y todas ellas compusieron por su unión el cuerpo jónico.

Medonte transmitió a sus descendientes la dignidad de arconte, cuyo ejercicio limitaron después los atenienses al espacio de diez años, y por último la dividieron entre magistrados anuales, que conservaron también el nombre de arcontes.

Estas son las novedades que nos presenta la historia de Atenas desde la muerte de Codro hasta la primera olimpiada, en el espacio de trescientos dieciséis años. Durante la calma que reinó en el Ática en aquel largo transcurso de tiempo, se vieron florecer tres hombres, los más grandes que jamás existieron: Homero, Licurgo, y Aristómenes.

HOMERO.

(Hacia el año 900 antes de J. C.) Floreció Homero cerca de cuatro siglos después de la guerra de Troya. En aquel tiempo era ya conocido Orfeo, Lino, Museo y otros muchos poetas, cuyas obras se han perdido. Acababa de entrar también en la carrera Hesíodo, que con un estilo lleno de dulzura y armonía describió las genealogías de los dioses, los trabajos del campo y otros asuntos y objetos, a los cuales supo hacer interesantes.

Homero, en su Ilíada y su Odisea, se hizo superior a todos los poetas conocidos hasta entonces, y aun a aquellos que después han escrito. En el primero de estos poemas describió algunos pasajes de la guerra de Troya, y en el segundo la vuelta de Odiseo a sus estados.

Insultado Aquiles por Agamenón durante el sitio de Troya, se retiró a su campo, y en su ausencia Héctor, a la cabeza de los troyanos, consiguió ventajas sobre los griegos, persiguiéndolos hasta sus tiendas y quitando la vida a Patroclo en un combate. Aquiles, hasta entonces inflexible a los ruegos de los jefes del ejército griego, vuela de nuevo a la pelea, venga la muerte de su amigo dándosela al general troyano, dispone sus funerales y restituye al desgraciado Príamo el cuerpo de su hijo Héctor. Estos hechos ocurridos en muy pocos días, dieron campo bastante para la Ilíada. Al componerla, Homero se sujetó al orden histórico, pero a fin de dar mayor brillo a su relación, supuso que desde el principio de la guerra los dioses estaban divididos entre griegos y troyanos, y para hacerla aún más interesante, puso las personas en acción, con sumo arte y elocuencia.

Diez años habían transcurrido desde que Odiseo dejó las costas de Ilión. Disipaban sus bienes infames usurpadores, y querían obligar a su desolada esposa a contraer segundas nupcias, y hacer una elección que ya no podía diferir. En este momento se abre la escena de la Odisea: Telémaco, hijo de Odiseo, va al continente de la Grecia a preguntar a Néstor y Menelao sobre la suerte y paradero de su padre. Durante su mansión en Lacedemonia, parte Odiseo de la isla de Calipso, y una tempestad le arroja a la isla de los feacios, próxima a Ítaca. Allí refiere al príncipe reinante los prodigios de que ha sido testigo, los males y contratiempos que ha sufrido y logra socorros para volver a sus estados. Llega, se da a conocer a su hijo, y acuerda con él las medidas convenientes para vengarse de sus comunes enemigos. La acción de la Odisea no dura más de cuarenta días.

Cuando Licurgo se dejó ver en Jonia, apenas eran conocidas la Ilíada y la Odisea, pero aquel legislador, descubriendo lecciones de sabiduría en lo que el vulgo no veía más que ficciones agradables, copió los dos poemas y con ellos enriqueció su patria. De allí se comunicaron a los griegos, y entonces se vieron cantores, conocidos bajo el nombre de rapsodas, sacar fragmentos de aquellos escritos y recorrer la Grecia, que absorta los escuchaba. Como quiera que esta costumbre alteraba y destruía la estructura de los poemas, Solón prohibió a muchos rapsodas el que se apartasen del texto de Homero, interrumpiéndole por tomar hechos aislados, y les prescribió que siguiesen en sus relaciones el orden que el autor había observado. Después de Solón, Pisístrato e Hiparco, su hijo, observando muchas alteraciones introducidas en los poemas por un efecto del entusiasmo de aquellos que los cantaban o interpretaban públicamente, hicieron restablecer el texto en su pureza, valiéndose para ello de hábiles gramáticos.

Aumentose la gloria de Homero a proporción que se iban conociendo más y mejor sus obras, y que se estaba en mayor disposición de apreciarlas. Dispútanse muchas ciudades el honor de ser su patria nativa; otros le han consagrado templos, y sus versos resuenan por toda la Grecia, siendo el ornato y el brillo de sus fiestas. En ellos es donde los mejores autores han hallado la mayor parte de las bellezas que sembraron en sus escritos, y donde el escultor Fidias y el pintor Eufránor aprendieron a representar dignamente al soberano de los dioses.