Representaciones de las piezas en el teatro de Atenas.

Al principio era el teatro de madera, pero habiéndose hundido cuando estaban representando una pieza de un autor antiguo, después lo construyeron de piedra, y subsiste todavía en el ángulo sudeste de la ciudadela. Voy a describir el plan del edificio.

Mientras se representa no se permite a nadie permanecer en la platea, habiendo demostrado la experiencia que si no estuviese enteramente desocupada, se oiría menos la voz.

El proscenio se divide en dos partes: la una más alta, donde recitan los actores, y la otra más baja, donde está por lo regular el coro. Esta última está levantada diez a doce pies encima de la platea y desde ella se puede subir, de forma que el coro, colocado en este lugar, puede volverse fácilmente hacia los actores o hacia los asistentes.

El teatro está descubierto, y de aquí resulta que cualquier lluvia repentina obliga a los espectadores a refugiarse bajo los pórticos y en los edificios públicos de las inmediaciones.

En el vasto recinto del teatro se celebran con frecuencia certámenes, ya de poesía, ya de música o de danza, con los cuales se solemnizan las grandes fiestas. Este edificio está consagrado a la gloria, y sin embargo se han visto allí en un mismo día una pieza de Eurípides y una función de títeres.

Distínguense dos clases de actores: unos que están especialmente encargados de seguir el hilo de la acción, y otros que componen el coro. Para explicar sus funciones recíprocas, daré aquí una idea de la división de las piezas.

Además de las partes que constituyen la esencia de un drama, y que son la fábula, las costumbres, la dicción, las ideas, la música y el aparato, es preciso considerar también las que lo dividen en su extensión, tales como el prólogo, el episodio, el exordio y el coro.

El prólogo comienza con la pieza y acaba con el intermedio primero o entre acto. El episodio por lo general llega desde el primero hasta el último intermedio. El exordio comprende cuanto se dice después del último intermedio. En la primera de estas partes se hace la exposición, y comienza algunas veces la intriga: la acción se desenvuelve en la segunda y se desenlaza en la tercera. Estas tres partes no guardan entre sí proporción alguna, y así es que en el Edipo en Colono de Sófocles, que contiene mil ochocientos sesenta y dos versos, solo el prólogo comprende setecientos.

Nunca está desierto el teatro: el coro se presenta a veces en la primera escena, y si tarda más en salir, se le debe introducir con naturalidad; si se va, solo es por algunos instantes y con causa legítima. Según lo requiere el asunto, el coro está compuesto de hombres o de mujeres, de viejos o de jóvenes, de ciudadanos o de esclavos, de sacerdotes o de soldados, etc., siempre en número de quince en la tragedia, y de veinticuatro en la comedia, y siempre de un estado inferior al de los personajes principales de la pieza. Como el coro por lo común representa al pueblo o a quien al menos es parte de él, está prohibido a los extranjeros, aun a los establecidos en Atenas, formar parte de él, por la misma razón que les está prohibido asistir a la asamblea general de la nación.