—¿Qué?
—Acaba de quitarme el reloj.
—¿Qué me dice usted? ¿Está usted seguro?
—Sí, señor, sí; lo he visto, no me cabe duda; ha sido él.
—Descuide usted. Tendrá usted su reloj. Voy yo mismo...
—De ningún modo. Yo sólo quería advertirle á usted... pero no le diga usted nada; sería una escena violenta, desagradable.
—Déjeme usted, déjeme usted.
Al poco rato el señor de la casa vuelve y entrega su reloj al invitado; el invitado se deshace en excusas.
—¡Por Dios! Yo deploro... ¡Cuánto siento!... ¡Qué disgusto!... ¿Habrá sido una escena horrible?... ¿Qué le ha dicho usted? ¿Qué ha dicho él?... He debido callarme...