Las ilustraciones de Rackam en El sueño en noche estival, de Shakespeare; la trilogía de Wágner, los cuentos de Grimm y Peter Pan, son admirables obras de arte.

De inspiración japonesa, unen á la más graciosa espontaneidad, la ejecución minuciosa. Parecen acotaciones ligeras, apuntadas, como por juego, al hojear el libro, y nos muestran, como profundo estudio crítico, el espíritu de la obra ilustrada. Ilustrar de ese modo, bien puede llamarse ilustrar.

En España son raras las ediciones de libros ilustrados. ¿No hay editores de ellos por falta de ilustradores, ó no hay ilustradores por falta de editores? Este es uno de tantos problemas nacionales en que es difícil precisar cuál sea la causa, cuál sea el efecto. ¿No hay oferta porque no hay demanda ó no hay demanda porque no hay oferta?

España, tierra de grandes pintores, no lo ha sido de grandes dibujantes. Nuestros artistas consideran el arte de la ilustración como un arte inferior; sólo obligados por la necesidad consienten en rebajarse hasta él, y siempre con cierta displicencia, que no es la mejor disposición de espíritu para producir obras de arte.


Mucho bueno creemos que puede hacerse en la Escuela del Hogar, proyecto y realización muy laudables del ministro de Instrucción pública, hombre muy de su tiempo.

Podrá decirse que la mejor escuela del hogar debiera ser el hogar mismo, pero como lo cierto es que la mayoría de los hogares no pueden ser escuelas, preciso es que haya escuelas que parezcan hogares.

Mas, como no sólo en el hogar vive el hombre, no como protesta, ni en oposición, todo lo contrario, como complemento, algo así como las clases de adorno en los colegios, yo sé que algunos señores de buen humor se proponen fundar otra escuela que pudiera llamarse... el nombre es difícil; vamos, algo así... lo que no es hogar... Ya me entienden ustedes.

Aunque con la buena enseñanza de la escuela oficial es seguro que disminuirá el número de solterones, todavía quedarán algunos recalcitrantes que tienen derecho á la vida, sin contar con los muchos casados de alternativa y algunos eclesiásticos.

En todos ellos han pensado los fundadores de la escuela, que pudiéramos llamar libre, para prevenirles una existencia placentera en que, sin el calor un poco atufante del hogar doméstico, no les falte nunca una agradable calefacción.