VI

No hay que echar á mala parte nuestra ingratitud con los grandes hombres. Se ha dicho que la ingratitud es la independencia del corazón. Entre nosotros no es sino la independencia del cerebro. Nuestra ingratitud sólo es olvido, y somos olvidadizos por pereza.

Como la soberanía nacional en unos cuantos políticos de profesión, delegamos gustosos la facultad de discurrir, con tal de molestarnos lo menos posible.

Cuando admiramos ó cuando dejamos de admirar, no hay que tomar en serio nuestro entusiasmo ó nuestro desvío. Nada es convicción, todo es comodidad.

Así, no hay gloria duradera entre nosotros. Y no por combatida, por ignorada. La crítica, aunque fuera para negar, ya sería conocimiento, pero ya sería molestia. Es mejor suprimir.

La fama de todo gran escritor, por glorioso que sea, padece un eclipse peligroso: cuando extirpada la generación de sus admiradores contemporáneos, se suceden otras nuevas generaciones, solicitadas por nuevos nombres y nuevas glorias; cuando la obra es vieja y aún no es antigua; cuando ya no es actualidad y aún no es historia; cuando ya no creemos en el Revilla que la celebró en su tiempo y aún no llegó para ella el Menéndez y Pelayo que haya de consagrarla á nuestra admiración definitiva.

La gloria de Campoamor ha podido tener este eclipse. Los jóvenes dejaron de admirarle porque era el mejor pretexto para no leerle. Lo mismo ha sido con Víctor Hugo, con Lamartine, con otros muchos.

Apenaba la escasez de estudios biográficos y críticos de Campoamor y de sus obras. Entristece que el poeta de las mujeres no tenga una edición de sus obras, elegante, artística, digna de ser ofrecida á una mujer como regalo. Las mujeres ¡ingratas! dejaron morir al poeta sin ofrecerle el homenaje de su admiración y de su cariño.

Ahora, patrocinada por leales amigos, se abre una suscripción para erigir un monumento al poeta. Las hijas de aquellas madres que amó tanto, como él decía, ¿se acordarán del poeta? «Me besan hoy como se besa á un santo»; exclamaba con ternura de abuelo, en el noble ocaso de su vida.