Cuando se fundó el hospital del Niño Jesús, el primitivo, en el barrio de las Peñuelas, era su directora una admirable mujer, por su talento y por sus virtudes: sor Rosalía. El doctor Tolosa Latour la conoció seguramente y podrá atestiguarlo. Ella sola podía ser honor de una institución. Pero también, como aquélla, son muchas otras.
Pero también como éstas y como todas las hermanas de la Caridad, hay otras mujeres inteligentes y honradas y buenas, capaces de cumplir con su deber profesional tan santamente como las hermanas de la Caridad con su deber religioso.
Cuando alguien cumple con su deber, no debe preguntársele en nombre de qué ideal lo cumple. A buen seguro que si esas señoras de la Junta se hallaran en peligro de muerte y supieran que sólo un doctor especialista podía salvarlas, no se andarían preguntando si era buen católico, protestante ó librepensador.
El personal facultativo del establecimiento se basta y se sobra para juzgar si las enfermeras atienden con solicitud á los enfermos y cumplen con su deber. Ellos son los más interesados en que así sea.
Ni el amor al prójimo, ni la más sublime caridad, ni el sacrificio por la más alta idea del deber, son patrimonio de una creencia religiosa determinada. ¿Con qué derecho puede negarse á nadie que cumpla con su deber, porque sus razones no son las mismas que las nuestras?
Además, no hay religión en el mundo que llegue á imprimir uno solo de sus mandamientos en nuestro corazón, si en nuestro corazón no estaban ya impresos todos los mandamientos religiosos.