La obra total de Menéndez y Pelayo, cada una de sus obras en particular, aunque nadie como él, por ser tan artista y tan poeta y tan creador, supo dar amenidad y calor de vida á la crítica erudición, todavía mantiene á respetuosa distancia á los que muy especialmente no se interesan por la crítica y la historia literarias.

Una esmerada selección de sus obras, á semejanza de las muchas publicadas en Inglaterra, de Ruskin, de Carlyle, de otros grandes escritores, facilitaría la lectura de lo bueno á los asustadizos de lo mucho.

En España no sabemos ser oportunistas; siempre por los extremos: ó todo ó nada.

¿No convendría refundir, aligerar muchas de nuestras obras clásicas? ¿Es preferible que permanezcan ignoradas del todo? Ya sé que sus admiradores incondicionales, muchos de los cuales las admiran de oídas, no dejarían de clamar: ¡Profanación! ¡Sacrilegio!

Profanación sería recortar, borrar y repintar una pintura de Velázquez ó de Goya, pues los cuadros sólo tienen un ejemplar. Pero una obra literaria no padece detrimento por estas experiencias. Siempre queda el original para los que quieran admirarla y estudiarla en su integridad.

Quevedo, Gracián, Saavedra Fajardo, otros grandes escritores, hoy tan poco leídos; La Celestina, Guzmán de Alfarache, otras muchas excelentes novelas, ¿perderían algo con estas selecciones?

De Inglaterra nos llegan todos los días libros pequeños, libros amables, lindos como juguetes, con pensamientos y trozos escogidos de los grandes poetas y escritores. Para quien de ellos sabe, son un recuerdo, una flor del jardín, una rama del bosque; para el que nada sabía, son una iniciación, tal vez la puerta de oro que se abre al jardín encantado.

Pongamos estos libros ligeros en las manos perezosas, ante los ojos distraídos de las almas frívolas, que vayan perdiéndoles el miedo... El libro español trae siempre un severo ceño de maestro; es preciso alegrarle con la sonrisa del buen amigo.


Por fin, el señor jefe superior de Policía, tan riguroso cumplidor de la ley de protección á la infancia, cuando de espectáculos teatrales se trataba, se ha convencido de que lo menos perjudicial, el trabajo menos penoso para un niño es el de representar un corto papel en el teatro.