Por lo mismo que así desvarían, hay que darles eso que ellas llaman calmante, á pesar suyo, contra su voluntad; voluntad que ni siquiera interpreta la voluntad de todos, como lo muestra ese mensaje de las Sociedades obreras de Valencia.
El Gobierno del señor conde de Romanones puede hallar el mejor programa de su política en ese «calmante», en ese presupuesto de salud, de vida.
XXXIII
En el número de El Libro Popular, correspondiente al 5 de Diciembre, en un artículo titulado «El príncipe de los dramaturgos», referente al autor francés M. Curel, escribe don Enrique Gómez Carrillo lo que textualmente copio:
—¡Curel!—os oigo murmurar—¿quién es Curel?... En castellano nunca hemos visto ninguna de sus obras.
Con su nombre no, efectivamente. Pero hay una comedia suya que fué traducida por Benavente y que obtiene desde hace diez años el más grande de los éxitos en España y en América. Me refiero al «Repas du lion», que en nuestra lengua se titula «La comida de las fieras».
—Pero—vais, sin duda, á decirme con justa malicia—¿por qué esta pieza figura como original entre las obras de Benavente?
—Sin duda por razones de empresa—os contestaré, repitiendo una frase del mismo dramaturgo madrileño.