Una comedia que se da como traducida, no tiene nunca, para las compañías, la misma importancia que una comedia nueva.

En todo caso, si el autor de «Los intereses creados», que es, ante todo, un hombre de honor, se apropia la paternidad del «Repas du lion», no por eso deja de entregarle los derechos que le corresponden al verdadero autor. En las cuentas que la Sociedad de Autores, de Madrid, manda cada trimestre á la Société des Auteurs, de París, los productos de «La comida de las fieras» figuran siempre en el haber de Curel. Entre gente del oficio esto no es un secreto para nadie. El gran Joaquín Dicenta, que tan admirablemente ha presidido el Sindicato de los comediógrafos madrileños durante algunos años, da testimonio de que en cuanto los «auteurs» parisinos reclamaron en nombre de uno de sus asociados la paternidad de la obra castellana, Jacinto Benavente fué el primero en reconocer que su «Comida de las fieras» no era, en efecto, sino un arreglo del francés.

Cuando un escritor de seriedad y respetabilidad como don Enrique Gómez Carrillo asienta con tal aplomo semejantes afirmaciones, algo debe haber de verdad en ellas. Veamos. ¿Será verdad que La comida de las fieras no es sino traducción ó arreglo de la obra de Curel Le repas du lion? Por unas cinco ó seis pesetas que costarán los ejemplares de las dos obras puede cualquiera salir de dudas. Ni por el asunto, ni por la idea, ni por los personajes, hay el menor parecido entre una y otra. Hasta la aparente similitud del título es una gran diferencia. Le repas du lion—basta haber leído las fábulas—es, como todos saben, la parte del león. La comida de las fieras es... el domador, según mi obra, basada, como recuerdan cuantos la han visto ó leído, en escenas muy madrileñas y de actualidad cuando la obra se estrenó. Pasemos.

¿Será verdad que don Joaquín Dicenta, como presidente de la Sociedad de Autores Españoles, aseguró á don Enrique Gómez Carrillo que los derechos de La comida de las fieras eran enviados á la Sociedad de Autores Franceses?

Don Joaquín Dicenta tiene la palabra; entre tanto, don Miguel Ramos Carrión, actual presidente de la Sociedad, me escribe la siguiente carta:

Mi querido amigo: La Sociedad de Autores Españoles no envía ni ha enviado nunca á la de Autores Franceses parte, grande ni pequeña, de los derechos de representación correspondientes á las obras de usted, porque, para hacerlo, no hay ninguna orden.

Claro es que á usted le consta; pero, por complacerle en lo que desea, así lo declaro oficialmente.

Sirva, pues, para quien, sin fundamento, afirma lo contrario. Siempre de usted compañero y padrino literario,