Miguel Ramos Carrión
Todo esto aparte, mal podría M. Curel cobrar esos trimestres, de que el señor don Enrique Gómez Carrillo está tan al tanto, cuando La comida de las fieras no se ha representado en España ni en América desde hace once ó doce años. Como se ve, á pesar de mi buen deseo, no puede hallarse el fondo de verdad que yo deseaba en las afirmaciones de don Enrique Gómez Carrillo.
¿Ha sido ligereza? Para ligereza, es demasiado. ¿Ha sido mala intención? Para mala intención, es poco. ¿Ha sido ironía? Para ironía faltaba el fundamento de que La comida de las fieras fuera, en efecto, algo parecido á Le repas du lion. ¿Ha sido una broma literaria? Como broma sí hubiera tenido gracia... allá en la juventud de don Enrique Gómez Carrillo.
Contra la opinión de muchos, yo creo que sólo ha habido ligereza por parte de don Enrique Gómez Carrillo, y espero que se apresurará á rectificarla.
Don Enrique Gómez Carrillo, por su historia literaria, por su significación, no está en el caso de que se le confunda con uno de esos jovenzuelos cronistas que sueltan dos ó tres impertinencias, para llamar la atención, en cualquier periódico de ventura.
Y conste que el menos molestado con «la ligereza» he sido yo. En esta semana la actualidad era hablar, en pro ó en contra, de la Prensa. Don Enrique Gómez Carrillo me ha dado asunto para no verme obligado á opinar; asunto y argumento. Muchas gracias.
XXXIV
A cada año nuevo acude, con todo el valor de una gran verdad filosófica, la reflexión que, en otras ocasiones, no es más de un tópico adecuado á tertulias caseras: ¡Cómo pasa el tiempo!