Pero así como en una reunión de la mejor sociedad, aunque por lo pronto se lleven la atención las mujeres más llamativas en el vestir y en el adorno, las que ponen la moda, cuando nuestra curiosidad se ha reposado agradecemos el sencillo atavío de alguna noble dama y en su señorial sencillez aprendemos dónde está la verdadera distinción, así en Arte, sobre las gracias y frivolidades llamativas de la moda, acabamos por volver los ojos á la noble sencillez, que es de todos los tiempos.
Antes de ahora lo he dicho: creo que en ningún tiempo hubo en España tantos y tan buenos poetas como ahora. De ellos, los hay favorecidos por la moda; de ellos, á quien la moda perjudica. De ellos, y Manuel Sandoval es el primero, de los que no vistieron su poesía con galas á la última, de los que dejaron pasar figurines, seguros de que la moda volvería á ellos, y ellos, aunque alguna vez pudieron desesperarse al verse desairados, nada perdieron con esperar.
De mi cercado es el último libro de versos de Manuel de Sandoval. En los anteriores, Cancionero y Musa castellana, había dado clara muestra de su valer. Hay en uno de ellos una poesía á los primeros pasos de su hija, de las que no se olvidan, de las que dejan esa emoción perdurable que se suma á las emociones de nuestra propia vida y es el verdadero valor de una obra de Arte.
De mi cercado es la plenitud del poeta. Léase «Pátina»; léase «Recompensa».
Como es esta última poesía la musa castiza, de noble prosapia castellana de Manuel Sandoval, bien puede decir á los que á ella se lleguen:
Yo soy para vosotros deidad, sirena y maga;
yo soy pasión sin celos y goce sin hastío;
hoguera que el aliento del huracán no apaga
y fuente que no seca los soles del estío.
Tan sólo al que me ama someto á mi albedrío;