He dicho, y como pocas veces he dicho lo que sentía, porque ¡deja uno tantas veces de decir lo que siente por temor á parecer latero...!
XLIII[7]
Señoras y señores:
Por esta vez ¡Loado sea Dios! la Sección de Literatura no celebra funerales literarios. Hoy podemos regocijarnos sin asomos de tristeza, más ó menos espontánea. En otras ocasiones, al honrar la memoria de algún difunto, veníamos á ser como la viuda rica, según dice el refrán: «La viuda rica con un ojo llora y con el otro repica». Hoy por fortuna podemos repicar y tocar á gloria de todo corazón.
Vivo y entre nosotros está el poeta festejado, vivo y en plenitud de su númen poético; así es que tampoco tiene esta fiesta ese dejo amargo de las despedidas, como otras semejantes en que parece decirse al festejado, al declinar de su vida y de su entendimiento: «Con esto cumplimos; ahora á casita y no se moleste usted más por nosotros». Estos homenajes á lo Carlos V vienen á ser algo así como el tercer aviso ó como la salida de tono de aquel ingenioso cuanto iracundo escritor, al increpar á un portero agonizante: Usted á morirse pronto, que es su obligación.
La Sección de Literatura bien quisiera no ser siempre una especie de funeraria. Y si no prodiga con los vivos estos homenajes es... porque entre los vivos los hay tan vivos que se organizarían ellos mismos el obsequio y habría que declararse en sesión permanente. Los muertos no suelen valerse de recomendación ni son tan intrigantes. Aun así, yo no sé, ahora que hemos dado en practicar el espiritismo, si no acudirá alguno del otro mundo á solicitar su homenaje.
Pero, en verdad, estos honores, sólo son en verdad honores cuando más honra á quien los ofrece que á quien los acepta. Y nadie dudará que hoy es el caso para esta Sección de Literatura.