El misticismo llega al conocimiento por el amor como la filosofía y la teología pretenden llegar por el entendimiento.

El misticismo no es luz que alumbra la razón, es llamarada que abrasa sentidos y potencias y sublima el espíritu hasta confundirse con el objeto de su amor. Amada en el amado confundido. Y para él la verdad sólo tiene un nombre. Amor. ¡Amor! Unica verdad que no admite contradicción ni razonamiento.

Cuando se dice: Creo, tal vez se dice: Dudo. La duda condescendiente siempre se expresa así: Yo creo que... Cuando se dice: Amo, se dice: Creo, creo con toda el alma.

De todos nuestros místicos ninguno tan desunido del mundo exterior, de su propio mundo interior como San Juan de la Cruz. Su espíritu no era siquiera mariposa que se abrasa á la llama del amor divino, era la propia llama ardiente como el Espíritu divino en los zarzales de Moisés, en el tabor de Cristo.

Voy á leeros la canción entre el alma y el Esposo, paráfrasis del Cantar de los Cantares. San Juan de la Cruz escribió sobre estas canciones: «El Cántico Espiritual», glosa y declaración de cada una de sus estrofas.

Y según palabras del Santo. Por cuanto estas canciones parecen ser escritas con algún fervor por el amor de Dios, no quiero yo decir toda la anchura y copia que el espíritu fecundo del amor en ellos lleva. Porque—añade después:—¿Quién podrá escribir lo que á las almas amorosas donde él mora, hace entender?

Esta es la causa porque con figuras, comparaciones y semejanzas antes rebosan algo de lo que sienten.

Las cuales semejanzas no leídas con la sencillez del espíritu de amor é inteligencia que ellas llevan, antes parecen dislates que dichos puestos en razón.

Por haberse, pues, estas canciones compuesto en amor de abundante inteligencia mística, no se podrá declarar al justo, ni mi intento es tal, sino dar alguna luz en general, y esto tengo por mejor, porque los dichos de amor es mejor dejarlos á su anchura.

Sabia advertencia para los que pretenden razonar de lo que está sobre toda razón.