Dejemos el amor á su anchura y ensanche el amor nuestras almas.
XLV
El proyecto de erigir una estatua á Lagartijo ha escandalizado á muchos. No hay razón para ello.
Nunca tan bien empleado el arte de la escultura como al reproducir en bronce ó mármol la humana belleza en su más apreciable manifestación: la belleza del cuerpo.
Sabido es que, hasta la representación simbólica de abstracciones por medio de la escultura, no tiene otra forma de expresión que la más bella forma del cuerpo humano.
¿Es preciso buscar antecedentes, razón suprema de muchas sinrazones nacionales? En Grecia tuvieron más estatuas los atletas y corredores de sus juegos olímpicos, que los hombres de Estado, los filósofos y los poetas. No se diga en Roma y en Bizancio.
Un sabio, un escritor, cualquier intelectual, en suma, va mejor servido con la reproducción y estudio de sus obras, y si de perpetuar su memoria en efigie se trata, con un busto es suficiente. ¿A qué afligirnos con la contemplación antiestética de su abdomen, doblemente si se nos presenta enfundado en una levita?
Por mucho arte y mucha habilidad del escultor, no podrá evitarse que la estatua de un caballero moderno más nos recuerde las figuras de cera del Museo Grevin que las esculturas del Museo del Vaticano.