Esto es lo que no nos sucede á los españoles. Á poco que nos sisen, ya se nota en todo, particularmente en la mesa, falta que no se disimula. Y no es que nuestros cocineros tengan menos conciencia que los de otras partes, es que damos menos dinero para la compra, y para comer bien hay que contar con la sisa.
Somos, además, tan apegados á rancias hidalguías que, aunque tan necesitados de dinero, seguimos considerando como despreciables los medios para su adquisición; así es que preferimos buscarle ocultamente por caminos subterráneos, como si fuera un crimen buscarle á la luz, abiertamente. Aquí es todavía la mayor gloria de un político, de un artista, de un hombre de ciencia, decir: Murió pobre. ¿Por qué? ¿Han de ser solo el dinero y la independencia que da el dinero, de los que explotaron la influencia del político, la gloria del artista y la ciencia del sabio?
Cuando el dinero lo compra todo, ¿no habrá algo que pueda comprar el dinero?
Hacer valer dinero á nuestra inteligencia no es envilecerse, es ennoblecer al dinero.
Cuando los hombres inteligentes dan en no venderse, por escrúpulos de conciencia, entonces es peor; porque todos los negocios van á parar á los tontos, que para la circunstancia, se meten á pillos: ya se sabe que nada imita mejor á la inteligencia que la pillería.
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Se anuncia en Madrid y para fecha próxima una Exposición, la más simpática y la más conveniente para ejemplo y estímulo de todos: la Exposición de la Infancia.
De todos los dicterios con que el mayor enemigo de España pudiera ofendernos, el de infanticidas sería, quizás, el más merecido.
No será Malthus nuestro previsor apóstol; pero es, en cambio, Herodes, el buen reparador de nuestra prolífica imprevisión. Tan descuidados sembradores como descuidados cultivadores y recolectores. Al celo previo, en que cualquier hombre se iguala al animal, no corresponde el celo ulterior por la prole, en que cualquier animal puede dar lecciones al hombre.