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Continúan en Munich las representaciones del teatro Artístico; muy interesantes para todos los que de arte teatral se preocupan. Su sistema de mise en scene, que pudiera llamarse sintética ó simplificada, es muy digno de estudio y debiera aplicarse siempre que de obras de imaginación y de poesía se trata. Las obras de Shakespeare pueden así representarse con todos sus cuadros y mutaciones, sin el cansancio que producen los repetidos intermedios prolongados. Contra el sistema de acumular detalles, de mayor vistosidad que buen gusto, casi siempre, la decoración, en el teatro Artístico, es sólo un fondo de cuadro, lo preciso para animar á las figuras con su propio ambiente, sin avanzar ni sobreponerse á ellas. La armonía de luces y color es perfecta. En El Mercader de Venecia, un fondo de cortinas verdosas, una mesa con las tres cajas del enigma; la figura de Porcia, vestida de un brocado de rosa y oro; la de su dama, vestida de verde, en tono más claro que el fondo; la figura del príncipe de Marruecos, envuelta en un blanco albornoz; la del príncipe de Aragón, como figura de una talla del siglo XV, forman un cuadro acabado, con los más sencillos medios de ejecución. En el último cuadro, un muro agrisado, la sombra de unos pinos, bastan á proclamar toda la poética emoción de aquellas últimas escenas en el jardín de Porcia, saturadas de poesía.
No en todas las obras representadas se ofrece el mismo artístico conjunto. En algunas, la mise en scene es del antiguo régimen, y en alguna del malo. Pero en El Mercader de Venecia, en Lysistrata, en Hamlet, tienen mucho que aprender los directores de escena y los escenógrafos.
Sabido es que en Alemania fracasó el célebre actor inglés Mr. Tree, que presenta las obras de Shakespeare con una suntuosidad más propia de comedias de magia ó revistas de espectáculos. Los alemanes, acostumbrados á su teatro Artístico, opinaron que en el Shakespeare de mister Tree, como en el conocido cuento, los árboles no dejaban ver el bosque. ¡Y cuando el bosque es Shakespeare!
XXVII
El Señor nos libre de jueces negligentes ó corruptibles; pero no deje de librarnos también de los íntegros y celosos, que apenas tropiezan con persona de algún viso social en el enredijo de sus actuaciones, por dejar bien sentada la inflexibilidad de su justicia, al menor indicio no dudarán en presumir la culpa; como si quisieran decirnos: Aquí, que no me dirán que peco.
Bien está que la recta espada y la fiel balanza no distingan de clases ni de personas; pero no por igualar desigualemos tanto que la camisa limpia venga á ser un indicio de culpabilidad, y el ser grande de España y caballero de alguna orden, antecedentes penales. Peligrosas prendas son en estos tiempos la levita de los caballeros y el sombrero de las señoras; pero aun no deben considerarse como agravantes. Se puede vestir bien y ser persona decente.