Por si no bastaba con un discurso, hemos tenido dos: el de la Corona y el de la coronilla, á cargo del jefe del partido conservador, muy empeñado en llevar vela en este entierro, que bien puede serlo si no hay á tiempo un capirotazo enérgico que apague esas velas y cirios que ya han «deslucido» bastante.
Entre los dos discursos nos quedamos... con el Mensaje de la Asamblea agrícola; de menor resonancia, pero de más sólida y aplicable doctrina.
Próximas á terminar las representaciones de Novelli en Lara, cerrados muchos teatros de invierno—algunos más propios de verano por la frescura de obras y artistas,—no queda en Madrid más espectáculo atractivo que las sesiones del Congreso y alguna cómica, especial, del Senado, que cuenta para el género con eminentes y acreditados característicos.
Las distinguidas aficionadas al Parlamento, en todas sus manifestaciones, particulares y públicas, ya tienen dónde pasar la tarde y en dónde distraerse hasta el veraneo, retrasado, como siempre por los deberes políticos de los maridos, padres, etc.
El elemento femenino ha de interesarse mucho en la actual legislatura. Hay que evitar la condenación de más de cuatro amigos arriesgados en alguna votación peligrosa. ¡Sería una lástima no poder encontrarse con ellos en celestiales moradas, como ahora en las más elegantes casas, por culpa de un proyecto de ley! Hay liberales muy simpáticos, y hasta con dinero; el partido conservador no tiene monopolizadas estas dos bellas cualidades para brillar en sociedad.
Yo sé que á estas horas hay quien eleva plegarias y hace ofrecimientos por la salvación de algunos ministeriales. No teman las distinguidas intercesoras; llegado el caso, todos han de salvarse, más que por vuestra intercesión, por propia iniciativa, al grito dispersador de: «¡Sálvese el que pueda!» No roguéis por ellos; rogad por vosotras y por vuestros hijos, diremos parafraseando palabras de Jesús. Porque si pudierais ver, como El, en lo venidero, veríais lo que mejor os estaba y les estaba á todos para evitar mayores males. Verdad es que si vosotras tuvierais inteligencia y cultura para comprender estas cosas, hace mucho tiempo que estarían resueltos muchos problemas por sí solos.
El orgullo nacional de los franceses, irreductible, sobre todo tratándose de su arte, se halla muy resignado con ver su París invadido por toda clase de espectáculos extranjeros. Opera italiana, comedia belga, baile ruso; sin contar innumerables artistas, autores y músicos de diferentes nacionalidades repartidos por diferentes teatros.
A mal tiempo amable sonrisa, y ellos venden por generosa hospitalidad lo que á regañadientes soportan. Claro es que los comediantes belgas son una pobre gente sin pizca de chic, aunque sean más espontáneos y naturales que los amaneradísimos actores franceses, apestantes á Conservatorio y á Comedie Française; que Caruso no puede compararse con los admirables tenores de la Gran Opera, con sus voces de gato pisado... Sólo ante los bailarines rusos humillan su superioridad, y eso porque, según ellos, todo su arte es de la más pura tradición francesa.