Como espectáculo propio no han ofrecido, autores y actores franceses, en estos últimos tiempos, nada más interesante que la pelotera entre Bataille—el nombre obliga, y él se encarga de justificarlo—y la gran Sarah, sólo comparable á la guardia napoleónica en lo de dar que hablar hasta sucumbir.

En París, como en todas partes, se perecen por estos chismes teatrales. Hasta que los Tribunales dieron la razón á Bataille, todo el mundo estaba de su parte; en cuanto tuvo á la justicia por suya, consideraron que ya tenía bastante, y todo el mundo se puso de parte de Sarah. Cuando se atrevió á embargarla sus muebles y los ingresos de su teatro... ¡no se diga! Los mayores enemigos de la actriz se aprestaron á defenderla contra el autor. Se llegó á decir que Bataille había insultado á Francia en la persona de Sarah.

Aquí, por fortuna, no se llevan á punta de embargo estas cosas de teatro, que no valen la pena. Sólo sabemos de un empresario capaz de embargar á sus autores; pero con el mayor cariño y sin dejar por eso de representarles sus obras, para mejor garantía del embargo... Los demás, todos buenas personas. Nos peleamos, hacemos las paces, nos odiamos, volvemos á querernos; pero todo con la mayor modestia, sin indemnizaciones y sin reclamos.


XIX

Las mujeres son, por lo general, conservadoras, muy respetuosas con lo tradicional y establecido; pero cuando una mujer da en revolucionaria... Nada menos que todo el sistema planetario nos ha trastornado una distinguida dama, miss Craig, en interesantísima conferencia dada en el Ateneo.

No era la flor que más se había presentado hasta ahora, en el ramo de la sabiduría femenina, ésta de la astronomía. Bueno es que la mujer se vaya poniendo en comunicación con el cielo de mejor modo que con importunas plegarias petitorias. La aparición, mejor dicho, la desaparición, y para nosotros ¡ay! despedida, sin beneficio, del cometa de Halley, á más de su cola natural, se ha traído otra muy larga de discusiones entre los astrónomos. A consecuencia de todas ellas, se inicia el descrédito de algunas verdades, que ya habían durado lo bastante, para obtener, sin que nadie pueda molestarse, su jubilación y pase á la escala de reserva. Todo nuestro respeto para estas mentiras de hoy, que fueron las verdades de ayer, y aprendamos por ellas á respetar las mentiras de hoy, que tal vez sean las verdades de mañana.

Los estudios de miss Craig son muy serios y no deben tomarse á broma. Sin llegar á las atrevidas afirmaciones de la conferenciante, otros astrónomos de gran renombre han coincidido recientemente en negar las teorías de Newton sobre las leyes de gravitación y de atracción universales.

Por mi parte, celebraría mucho que se salieran con la suya; porque, con todo el respeto á Newton, eso de que cuando uno cae, cae por atracción, me pareció siempre una tontería. Es para escamarse el que á Newton se le ocurriera viendo caer una manzana; desde los primeros días del mundo la manzana fué siempre fruta ocasionada á funestas equivocaciones.