Bien sabemos que un Conservatorio, como ningún Centro docente, por sabia que sea su organización, no es incubadora de genios, si falta la primera materia en la calidad del huevo. Pero como el genio es ave rara y él solo se basta para «levantarse, crecer, tocar las nubes», hay que pensar—aparte de que al genio tampoco le sienta mal un poco de disciplina y artificial cultura—en los talentos modestos, en las medianías discretas, que de ser bien dirigidas á no serlo ó á serlo viciosamente, puede ir la diferencia de la absoluta nulidad á una perfecta imitación del mismo genio, con la ventaja de ser su talento más reposado y consciente; condiciones de gran importancia en un arte de interpretación como el arte escénico.

¡El genio es tan peligroso en el teatro que yo me atrevería decir que es temible! De los genios me libre Dios, que de los malos cómicos me libraré yo.

Ante todo, se impone la selección física. Por espiritualistas que seamos, hay que atender á la belleza corporal. Nada de piernas cortas y cabezas gordas, por mucha luz intelectual que las ilumine. Nada de voces chillonas y gangosas, por mucho que prometan «hacernos de reir» en grotescas farsas. Después, cultura general; más que cátedras, conferencias variadas de literatura nacional y extranjera, de pintura, escultura, elegancia social, etc. Después, práctica, práctica y práctica. Nada de maestros actores, que sólo enseñan sus defectos y amaneramientos; un buen director de escena, persona competente, de buen gusto, y á estudiar y á representar obras. El teatro Español como teatro de ensayo, donde los alumnos, en funciones populares, de convite ó con rebaja de precios, representen obras del teatro antiguo y moderno.

Al estudio de nuestro teatro antiguo debe concedérsele la mayor importancia. Nunca se estudiará bastante. Da grima ver que la mayor parte de nuestros modernos actores no saben decir un verso con sentido del ritmo; y como el ritmo es todo, en arte, en verso, en prosa, en lo espiritual y en lo físico, sólo son capaces de decir chuladas y vulgaridades.

Ya sé que el ministro de Instrucción pública tiene asuntos más importantes á que atender; pero yo sé que el Arte tiene en él un enamorado. Si la política le permite algún descanso en este verano... acuérdese de sus amores.


XXV

De plañideras y de Casandras de pan llevar han motejado conspicuos conservadores á los espíritus compasivos que se permitieron llorar por los muertos de la última campaña. Y no habían terminado de fulminar su indignación contra los compasivos, cuando, á propósito del atentado de que ha sido víctima su ilustre jefe, ¡ríanse ustedes de Casandra, de Jeremías y de cuantos lloraron calamidades y profetizaron desdichas! Esto demuestra que todos somos plañideros á nuestra hora y cuando nos duele, y nada más fácil que hacer de héroe impasible cuando los almendrazos no son en nuestro barrio.