Lo mismo en el teatro: el teatro es la noche, el abono, las actrices bellas y bien vestidas, los actores favoritos del público. ¿Qué significa la obra? Un poco más ó un poco menos de literatura. Pruebe también el autor que se crea más estimado por sí propio á cambiar de teatro. En la Princesa, por ejemplo, todas las obras son lo mismo. ¿Qué más da una que otra? Hay que salir un poco de los Círculos literarios, en donde á fuerza de despellejarnos parece que tenemos alguna importancia, para comprender lo poco que significamos. No hay vanidad que resista á una de estas enérgicas curaciones al aire libre. La vida moderna funciona por una poderosa maquinaria para la que cualquier obrero es bueno. Vamos al socialismo más de prisa de lo que parece. El mundo será una gran máquina productora de felicidad social. ¡Hermosa máquina!

Andará sola. Los hombres se habrán muerto todos de hambre ó de fastidio.


XXXI

Cuando el doctor Lombroso, en los buenos tiempos de su escuela antropológica, se propuso demostrar que todo hombre de talento—de genio decía él—tenía sus buenas puntas y collar de loco, no había detalle insignificante en la vida de un hombre célebre que no fuera para el buen doctor señal evidente de chifladura. Yo creo que, aplicado el mismo sistema á cualquier individuo, tan locos parecerían los tontos como los hombres de talento, salvo el talento.

Del mismo modo es peligroso investigar en preocupaciones de escuela, cuando de averiguar culpabilidades se trata. ¿Qué vida de santo resistiría la implacable investigación de algunos infatigables averiguadores, obstinados en que han de ser tijeretas? Que si los padres, que si su abuelo, que si allá por el año 58... Y es que á lo mejor, nos creemos asomados á nuestro buen balcón con vistas á Europa, y resulta que es al corredor de un patio de vecindad. ¡Tenemos tan pocas cosas serias en qué ocuparnos! Pero ¿quién podrá decir que tiene una vida privada? Como en danza de la muerte, no hay quien escape de hacer su mudanza al son de la moderna publicidad, que cual la muerte á todas partes llega y á nadie olvida. ¡Desgraciados de los primos segundos de nuestros cuñados si algún día tenemos nuestra hora de notoriedad! Desnudados se verán en público para regocijo de las gentes. Y no hay que culpar demasiado á los que, en apariencia, pudieran parecer los únicos culpables. No puede una enfermedad tan fácilmente con un organismo sano. La publicidad tal vez abusa; pero hay que confesar con cuánta complacencia nos prestamos al abuso...—Por Dios, no diga usted nada de esto... Y lo decimos todo...—No quiero que me retraten ustedes. Y llevamos estudiada la postura en que ha de sorprendernos el objetivo. Padecemos todos de «exhibicionismo», y quizá no andamos descaminados. No hay nada que desarme tanto la indignación como la curiosidad satisfecha. Conviene, además, cultivar la amable flor de la tolerancia mutua, sin la cual no habría vida de relación posible. Hoy me escandalizas tú, mañana te escandalizaré yo; bueno será que no nos escandalicemos demasiado.

Por todo esto, no opinaré como los graves señores que ahora una vez más van clamando: «¡Qué indignidad! ¿Han visto ustedes á lo que hemos llegado?» Sí, señores míos; y la lástima será no ver adónde llegarán los que nos sigan, porque no todos son malos. Nunca hubo tiempos mejores que los presentes, y es de presumir que aún han de aventajarlos los futuros. Siempre habrá más seguridades en estos procesos de plaza pública, á la luz y al aire, que en las tenebrosas actuaciones inquisitoriales entre negras paredes y bajo obscuras bóvedas. No haya miedo, aunque entre el clamoreo de las gentes parezca zozobrar la verdad, que pueda anegarse la justicia. Hay una rectitud en la conciencia de las multitudes que no le impide rectificar sus juicios. No tiene que velar por los prestigios de Cuerpo, como otros Tribunales, que alguna vez también se equivocan, pero no pueden confesar nunca que se han equivocado.


La lógica de los tablajeros es admirable. Como son muchos y tocan á poco, han decidido subir el precio de la carne. Es una lógica carnicera. No vamos á devorarnos unos á otros: es preferible devorar al consumidor.