Preguntad á los habituales y acaudalados concurrentes á Niza, Ostende, Biarritz, San Sebastián mismo, por las bellezas naturales de los respectivos puntos. «Se pasa muy bien», es lo que sabrán deciros.
XXXII
Para justificar el actual estado de las calles de Madrid, el alcalde ha exhibido unas fotografías de las principales vías de París para que en nada tengamos que envidiarles. En efecto; allí, con motivo de las obras del metropolitano, han padecido, como nosotros, las inevitables molestias que la civilización trae consigo, y allí, como aquí, levantamientos y excavaciones en calles y plazas han sido tema inagotable de chistes, caricaturas, escenas de revistas, coplillas de café-concierto y demás desahogos inofensivos. No tiene por qué preocuparse el señor alcalde. A todo lo que podemos aspirar en este bajo mundo es á hacer algo bueno; pero á que parezca bien, es loca aspiración. Como aquí, por cada uno que hace algo, aunque no sea más que jugar al billar ó al tresillo, hay cien mirones, en algo han de entretenerse.
Quisiéramos tener una Gran Vía por arte de magia y que la baratura de la luz eléctrica no costara la más pequeña molestia. Queremos que todo nos lo den hecho; tan hecho... que no haya que hacerlo antes. Pero, amigo, como no hay medio de hacer tortillas sin romper huevos, como dicen en Francia, y tampoco nos gustan los huevos pasados por agua, hay que resignarse con nuestra triste suerte y dejar que los mismos que en París habrán admirado los trabajos del metropolitano, como obra de progreso, al regresar ahora de su excursión otoñal renieguen aquí de todo y por todo. En casa somos de un sibaritismo oriental: no toleramos ninguna incomodidad. Verdad es que la mayor parte de las viviendas son inhabitables, unas por culpa de los caseros y otras por culpa de los mismos vecinos y de sus apreciables familias. ¡Si tampoco podemos vivir en la calle! Individuos hay para quien levantarles las losas de una acera equivale á un desahucio del propio domicilio. ¿En dónde despacharán ahora sus asuntos y recibirán sus visitas? Pueden consolarse admirando los planos de la futura gran plaza de España. Ellos se encargarán de justificar su nombre, paseando por ella sus desocupaciones, perturbadas ahora por una falta de consideración imperdonable. En cambio, un respetable jefe de familia, que por obsequiar á los suyos con las delicias de un veraneo aristocrático tuvo que acudir á la bondad de esa noble institución de los prestamistas, decía con gran filosofía, contemplando el estado de nuestras calles:—Así como así, yo tendré ahora que andar por los tejados.
Su Santidad ha recomendado encarecidamente á los prelados y sacerdotes la más activa predicación contra las actuales modas femeninas, por deshonestas y provocativas á deshonestidad, que es lo peor de todo. No confiamos mucho en la eficacia de esas predicaciones; que no es tan fácil hallar docilidad y obediencia en la grey femenil cuando se trata de cosas que le importan particular y directamente, como cuando se trata de cosas que en realidad le tienen sin cuidado. No es tan fácil derribar una moda como un Gobierno liberal. Sin contar con que, en esto de manifestarse contra los Gobiernos liberales, entra por mucho también la moda. ¿No son las más á la última trabadas las que más se destraban de pies y de lengua cuando hay que bullir y danzar en juntas, protestas y manifestaciones? Pero ¡ay! en cuestión de modas, como ellas se encuentren á su gusto...
Poco conoce á las mujeres el que se las figure dominadas por las predicaciones del clero. ¡Buenas son ellas para dejarse dominar por nadie! ¡Pobre clero! El sí que, en la mayoría de los casos, es el dominado, el zarandeado y el molestado por el indiscreto fervor de las devotas. Cuando á ellas les conviene, lo mismo se entran por el ritual, que por los cánones, que por la Suma Teológica, atropellándolo todo. ¡Hay cada papisa Juana y cada antipapa Luna entre ellas!