De la excelente acogida al Teatro para los niños y del interés con que un público, si no tan numeroso como fuera de desear, todo lo selecto que puede pedirse, sigue sus representaciones, nada me satisface tanto como el buen éxito obtenido por las lecturas de poesías. ¡Versos, poesía! Eran una especie de coco para las empresas teatrales. Hoy ya empieza á creerse en ellos, y todo hace presumir un glorioso renacimiento de la poesía en el teatro.
¿Por qué en el teatro Español, en el de la Princesa, que cuentan con admirables intérpretes de los poetas, no inaugurar una serie de veladas poéticas, que seguramente tendrían su público?
Oímos muchas veces quejarse á unos y á otros de que el público no está educado; esto sirve de pretexto para rechazar muchas obras de indudable mérito. Corriente, el público no está educado; pero ¡si nadie se toma el trabajo de educarle! Es mucho más cómodo y provechoso llevarle el humor y no luchar con él. Pero los que pueden permitirse ese lujo con menos riesgo están más obligado á ello. A todos nos toca un pedacito del mundo en que podemos hacer algo útil y provechoso, y no es desde un escenario donde menos puede hacerse por la cultura y la educación, que es hacer por la Patria.
VI
Mariano de Cávia me propone un Teatro para los viejos, que vendría á ser, no contraposición, sino complemento del Teatro para los niños. Los extremos se tocan, y acaso viniera á suceder, por el humano y natural prurito de aniñarse en los ancianos y de hombrear en los infantes, que el Teatro dedicado á los primeros fuera el favorito de los segundos, y viceversa. Pero ¡ay! ¿es tan necesario el teatro para los viejos? ¿Llenaríamos con él algún vacío, ni siquiera el del teatro mismo? Si el teatro pretendía ser educativo, ya en el más amplio sentido moral ó en el puramente artístico, ¿qué provechosa enmienda podría esperarse en nuestros venerables? Ninguna. Ya dice la vulgar sabiduría que el árbol ha de enderezarse desde pequeñito, y ¿quién es capaz de enderezar, en todo ó en parte, á los que ya se rinden al peso de los años? Ni La corte de Faraón ni el «Royal Kursaal», con esas admirables artistas, cuyo mejor anuncio es el de la pérdida de su equipaje, podrían realizar el milagro.
¿Teatro de puro entretenimiento? Basta asistir á los antes citados y á otros del mismo género para comprender que nuestros viejos no necesitan de un teatro especial en donde solazarse. No de los viejos, de los decrépitos, pudieran llamarse esos teatros en que reverdece el chiste de Instituto y de café estudiantil, para regocijo de viejos más verdes que los chistes. Y no os engañen algunas caras juveniles de los espectadores; no está en la cara la edad, sino en el espíritu, y por esos teatros, como por los meetings clericales de estos días, no busquéis jóvenes de espíritu; el de aspecto más infantil lleva por dentro la vetustez de diez siglos.
Grave error es clasificar por edades en jóvenes y viejos. Niños seremos tú y yo, querido Mariano, aunque muchos niños viejos ya nos echen del corro; porque siempre será para nosotros la vida un buen campo de recreo en que saltar, brincar y jugar á todo, por pura expansión de nuestro espíritu, sin ninguna utilidad práctica. Jugando y saltando no se llega á parte alguna; si bien puede servirnos de consuelo que hay partes á las que más conviene no llegar nunca. Para llegar á muchas de ellas, suprema ambición de todo hombre serio, ya sabemos que, en España, no hay medio mejor que ser viejo ó aparentar serlo. Con nuestros doctores Faustos, aquí, Mefistófeles obraría la transformación contraria. Hay quien le vendería el alma por transformarse en viejo, no en joven. Y en vez de cantar: ¡A mí la juventud, á mí los delirios del primer amor!, cantaría: ¡A mí las prebendas y á mí los cargos oficiales; á mí las Academias y la respetabilidad, y... llévese el demonio mi alma y mi alegría!
Dejemos, pues, á los viejos, que para nada necesitan teatros, cuando todo el mundo es teatro, de moda y lucimiento para ellos. Pensemos en los niños, en los verdaderos niños, hijos de padres verdaderos jóvenes, que sólo de ellos puede esperarse la nueva vida por la nueva escuela. ¿Religiosa? ¿Laica? Allá unos y otros. El Arte es religión neutral. ¿No es en el Vaticano donde se guardan las más bellas reliquias del Paganismo? ¡Quién sabe si no será en un templo pagano de Arte donde se guardará lo más bello del Arte cristiano! Nunca fueron las ideas viejas tan respetuosas con las nuevas, como las nuevas lo serán siempre de las viejas. Y ¡vive Dios! que hay entre nosotros vejestorios, en todos los órdenes de la vida, que no son dignos de ningún respeto.