Crispín. Dicho sea en elogio del primero.
Sirena. El primero me fue impuesto por mi padre. Yo no le amaba, y a pesar de ello supe serle fiel.
Crispín. ¿Qué no sabréis vos, doña Sirena?
Sirena. Pero dejemos los recuerdos, que todo lo entristecen. Hablemos de esperanzas. ¿Sabéis que Silvia quiso venir conmigo?
Leandro. ¿Aquí, a esta casa?
Sirena. ¿Qué os parece? ¿Qué diría el señor Polichinela? ¡Con toda la ciudad soliviantada contra él, fuerza le sería casaros!
Leandro. No, no; impedidla que venga.
Crispín. ¡Chits! Comprenderéis que mi señor no dice lo que siente.
Sirena. Lo comprendo... ¿Qué no daría él por ver a Silvia a su lado, para no separarse nunca de ella?
Crispín. ¿Qué daría? ¡No lo sabéis!