Sirena. No lo creo tan necio ni tan loco. Ven conmigo. (Se va con Crispín por la segunda derecha, o sea el pasillo.)
Escena VI
Leandro y Silvia, que sale por la segunda derecha.
Leandro. ¡Silvia! ¡Silvia mía!
Silvia. ¿No estás herido?
Leandro. No; ya lo ves... Fue un engaño, un engaño más para traerte aquí. Pero no temas; pronto vendrá tu padre, pronto saldrás con él sin que nada tengas que reprocharme... ¡Oh! Sólo el haber empañado la serenidad de tu alma con una ilusión de amor, que para ti sólo será el recuerdo de un mal sueño.
Silvia. ¿Qué dices, Leandro? ¿Tu amor no era verdad?
Leandro. ¡Mi amor, sí...; por eso no ha de engañarte! Sal de aquí pronto, antes de que nadie, fuera de los que aquí te trajeron, pueda saber que viniste.
Silvia. ¿Qué temes? ¿No estoy segura en tu casa? Yo no dudé en venir a ella... ¿Qué peligros pueden amenazarme a tu lado?
Leandro. Ninguno; dices bien. Mi amor te defiende de tu misma inocencia.