Leandro. ¡Ah! ¡Si te hallan aquí! ¡En mi poder! Sin duda tú les diste aviso... Pero no lograréis vuestro propósito.

Crispín. ¿Yo? No por cierto... Que esto va de veras, y ya temo que nadie pueda salvarnos.

Leandro. ¡A nosotros, no; ni he de intentarlo!... Pero a ella, sí. Conviene ocultarte; queda aquí.

Silvia. ¿Y tú?

Leandro. Nada temas. ¡Pronto, que llegan! (Esconde a Silvia en la habitación del foro, diciéndole a Crispín): Tú verás lo que trae a esa gente. Sólo cuida de que nadie entre ahí hasta mi regreso... No hay otra huida. (Se dirige a la ventana.)

Crispín. (Deteniéndole.) ¡Señor! ¡Tente! ¡No te mates así!

Leandro. No pretendo matarme ni pretendo escapar; pretendo salvarla. (Trepa hacia arriba por la ventana y desaparece.)

Crispín. ¡Señor, señor! ¡Menos mal! Creí que intentaba arrojarse al suelo, pero trepó hacia arriba... Esperemos todavía... Aun quiere volar... Es su región, las alturas. Yo a la mía, la tierra... Ahora más que nunca conviene afirmarse en ella. (Se sienta en un sillón con mucha calma.)

Escena VIII

Crispín, el Señor Polichinela, el Hostelero, el Señor Pantalón, el Capitán, Arlequín, el Doctor, el Secretario y dos Alguaciles con enormes protocolos de curia. Todos salen por la segunda derecha, o sea el pasillo.