Hostelero. ¿Cómo cómplice? Tan delincuente como su pretendido señor..., que él fue quien me engañó.

Capitán. ¿Qué significa esto, Crispín?

Arlequín. ¿Tiene razón esta gente?

Polichinela. ¿Qué dices ahora, Crispín? ¿Pensaste que habían de valerte tus enredos conmigo? ¿Conque yo pretendí asesinar a tu señor? ¿Conque yo soy un viejo avaro que sacrifica a su hija? ¿Conque toda la ciudad se levanta contra mí llenándome de insultos? Ahora veremos.

Pantalón. Dejadle, señor Polichinela, que éste es asunto nuestro, que al fin vos no habéis perdido nada. Pero yo... ¡todo mi caudal, que lo presté sin garantía! ¡Perdido me veré para toda la vida! ¿Qué será de mí?

Hostelero. ¿Y yo, decidme, que gasté lo que no tenía y aun hube de empeñarme por servirle como creí correspondía a su calidad? ¡Esto es mi destrucción, mi ruina!

Capitán. ¡Y nosotros también fuimos ruinmente engañados! ¿Qué se dirá de mí, que puse mi espada y mi valor al servicio de un aventurero?

Arlequín. ¿Y de mí, que le dediqué soneto tras soneto como al más noble señor?

Polichinela. ¡Ja, ja, ja!

Pantalón. ¡Sí, reíd, reíd!... Como nada perdisteis...