Hostelero. No nos ablandemos. Ved que el bellacón es maestro en embustes.

Pantalón. Decís bien. No sé cómo pude creerlo. ¡Justicia! ¡Justicia!

Crispín. ¡Ved que lo perdéis todo!

Pantalón. Veamos todavía... Señor Polichinela, dos palabras.

Polichinela. ¿Qué me queréis?

Pantalón. Suponed que nosotros no hubiéramos tenido razón para quejarnos. Suponed que el señor Leandro fuera, en efecto, el más noble caballero..., incapaz de una baja acción...

Polichinela. ¿Qué decís?

Pantalón. Suponed que vuestra hija le amara con locura, hasta el punto de haber huido con él de vuestra casa.

Polichinela. ¿Que mi hija huyó de mi casa y con ese hombre? ¿Quién lo dijo? ¿Quién fue el desvergonzado...?

Pantalón. No os alteréis. Todo es suposición.