Luisa. ¿No era lo mejor? Hablar claro, hablando se entiende la gente; ya lo has visto: hablando aquí, a solas, sin fingimientos, dejándonos llevar de la conversación sin querer...
Pepe. Y sin querernos... he descubierto que tengo una prima encantadora.
Luisa. Y yo que tengo un primo muy simpático y muy razonable, que piensa como yo en muchas cosas de la vida.
Pepe. Es que piensas muy bien en todo.
Luisa. De manera que nuestros padres, si no consiguen lo que se proponen, han conseguido algo mejor para nosotros: que desde hoy nos estimemos de verdad; cuando antes, a mí, te lo confieso, me eras indiferente, pero[12.5] muy indiferente.
Pepe. Como tú a mí.
Luisa. ¡Y querían casarnos!
Pepe. Ya ves, ¿cómo era posible?
Luisa. Me parece que nunca se habrá descompuesto una boda más amistosamente.
Pepe. De seguro que, casándonos, no estaríamos tan contentos el uno del otro.