Manuel. ¡No tienes idea! Le he dicho lo que pensaba de él hace mucho tiempo y del botarate de su hijo[15.2]...
Luisa. Pero, ¿qué sabe Pepe?...
Manuel. Para cuando lo sepa.
Luisa. ¡Ay, papá, estás muy alterado!
Manuel. Es que no puedo con las gentes que todo lo[15.3] sacrifican al interés, como si todo fuera cuestión de dinero en la vida y eso valiera la pena de descomponer una familia. ¡Un tanto! ¡Un tanto! Y el viejo marrullero ni siquiera quería firmar, para no comprometerse a nada. ¿Pensaba que yo iba a casarte sin garantías?
Luisa. Es la moda, papá.
Manuel. No lo eches a broma.
Luisa. Al contrario. Es decir, que vosotros disponéis y os indisponéis cuando os conviene, sin contar para nada con[15.4] nosotros, como si Pepe y yo fuéramos dos chiquillos sin voluntad y sin corazón; ni antes os importaba que no nos quisiéramos, ni ahora que pudiéramos querernos. ¿No es eso?
Manuel. Querrás decirme que estás enamorada de tu primo...
Luisa. Supongamos que lo estuviera.