Emilia. Creo que nunca..., pero sí[27.2] una mujer que te aconseja siempre lo mejor...; eso debes haberlo visto en mí siempre. No dirás que yo intervengo nunca en tus asuntos. Nunca te he molestado con recomendaciones..., y tú sabes si me las piden... He preferido quedar mal con muchos amigos por no molestarte lo más mínimo... Desde que eres ministro, ¿qué te he pedido? Que recomendaras al novio de mi doncella para Orden público y a una hermana de mi peinadora para que la contrataran en un cinematógrafo de un diputado[28.1]... Lo que no podrás decir es que yo he abusado nunca de mi posición. A otras hubiera yo querido ver en mi caso... Ahí tienes a la de tu compañero Ruiz Gómez, que no le da almuerzo ni comida tranquila a su marido..., y cuando él no hace lo que ella quiere, se va de Ministerio en Ministerio, poniéndole en evidencia...

Manuel. ¡Si no fuera más que de Ministerio en Ministerio!

Emilia. Ella le pide a todo el mundo[28.2]. Y su marido tan contento.

Manuel. No lo creas...; en Consejo se incomoda mucho...

Emilia. Pero no dimite... ¿Oyes? No hace más que sonar el timbre... Amigos que vendrán a convencerte; gente que vendrá a saber...

Manuel. He dicho que no recibo a nadie...

Emilia. ¿Pero tan serio es el motivo?

Manuel. Muy serio.

Emilia. ¿Y no puede haber, por lo menos, un aplazamiento?

Manuel. ¿Para qué? Lo que ha de ser[28.3]... Pero tú decías siempre que estabas deseando verme libre de preocupaciones..., de disgustos...