Mozos. ¡Ay, ay!
Hostelero. ¡Téngase, que se apasiona como si pasara!
Crispín. ¿Cómo si me apasiono? Siempre sentí yo el animus belli.
Capitán. No parece sino que os hallasteis presente.
Crispín. Oírselo referir a mi señor, es como verlo, mejor que verlo. ¡Y a un soldado así, al héroe de las Peñas Rojas en los Campos Negros se le trata de esa manera!... ¡Ah! Gran suerte fue que mi señor se hallase presente, y que negocios de importancia le hayan traído a esta ciudad, donde él hará que se os trate[52.4] con respeto, como merecéis... ¡Un poeta tan alto, un tan gran capitán! (A los Mozos.) ¡Pronto! ¿Qué hacéis ahí como estafermos? Servidles de lo mejor que haya en vuestra casa, y ante todo una botella del mejor vino, que mí señor quiere beber con estos caballeros, y lo tendrá a gloria... ¿Qué hacéis ahí? ¡Pronto!
Hostelero. ¡Voy, voy! ¡No he librado de mala![53.1] (Se va con los Mozos a la hostería.)
Arlequín. ¡Ah, señor! ¿Cómo agradeceros[53.2]...?
Capitán. ¿Cómo pagaros...?
Crispín. ¡Nadie hable aquí de pagar, que es palabra que ofende! Sentaos, sentaos, que para mi señor, que a tantos príncipes y grandes ha sentado a su mesa, será éste el mayor orgullo.
Leandro. Cierto.