Sirena. Callad, señor Polichinela, que vuestra hija se halla en excelente compañía, y en mi casa siempre estará segura.
Risela. No hubo atenciones más que para ella.
Laura. Para ella es todo el agrado.
Risela. Y todos los suspiros.
Polichinela. ¿De quién? ¿De ese caballero misterioso? Pues no me contenta. Y ahora mismo...
Sirena. ¡Pero señor Polichinela...!
Polichinela. ¡Dejadme, dejadme! Yo sé lo que me hago.[71.1] (Vase por la primera derecha.)
Sirena. ¿Qué le ocurre? ¿Qué destemplanza es ésta?
Señora de Polichinela. ¿Veis qué hombre? ¡Capaz será de una grosería con el caballero! ¡Que ha de casar a su hija con algún mercader u hombre de baja estofa! ¡Que ha de hacerla desgraciada para toda la vida!
Sirena. ¡Eso no!..., que sois su madre, y algo ha de valer vuestra autoridad...