Silvia. ¿También a vos?
Leandro. ¿También decís? ¡También os entristece la alegría!...
Silvia. Mi padre se ha enojado conmigo. ¡Nunca me habló de ese modo! Y con vos también estuvo desatento. ¿Le perdonáis?
Leandro. Sí; lo perdono todo. Pero no le enojéis por mi causa. Volved a la fiesta, que han de buscaros; y si os hallaran aquí a mi lado...
Silvia. Tenéis razón. Pero volved vos también. ¿Por qué habéis de estar triste?
Leandro. No; yo saldré sin que nadie lo advierta... Debo ir muy lejos.
Silvia. ¿Qué decís? ¿No os trajeron asuntos de importancia a esta ciudad? ¿No debíais permanecer aquí mucho tiempo?
Leandro. ¡No, no! ¡Ni un día más! ¡Ni un día más!
Silvia. Entonces... ¿Me habéis mentido?
Leandor. ¡Mentir! No... No digáis que he mentido... No; ésta es la única verdad de mi vida... ¡Este sueño que no debe tener despertar! (Se oye a lo lejos la música de una canción hasta que cae el telón.)