Crispín. ¿Eso dice? ¡Oh, noble joven! ¡Oh, corazón amante!

Arlequín. ¡Qué epitalamio pienso componer a sus bodas!

Colombina. Silvia cree que Leandro está malherido... Desde su balcón oyó ruido de espadas, tus voces en demanda de auxilio. Después cayó sin sentido, y así la hallaron al amanecer. Decidme lo que sea[80.2] del señor Leandro, pues muere de angustia hasta saberlo, y mi señora también quedó en cuidado.

Crispín. Dile que mi señor pudo salvarse, porque amor le guardaba; dile que sólo de amor muere con incurable herida... Dile... (Viendo venir a Leandro.) ¡Ah! Pero aquí llega él mismo, que te dirá cuanto yo pudiera decirte.

Escena III

Dichos y Leandro, que sale por la primera derecha.

Capitán. (Abrazándole.) ¡Amigo mío!

Arlequín. (Abrazándole.) ¡Amigo y señor!

Colombina. ¡Ah, señor Leandro! ¡Que estáis salvo! ¡Qué alegría!

Leandro. ¿Cómo supisteis?