—Una empresa que tenemos. La cosa parece que se tuerce. Pignorate es el que da la cara: el dinero es de varios, yo entre, ellos. Dicen malas lenguas que si es limpio o no es limpio. Todo consiste en adelantar dinero a señoritos... y claro que han de pagar algo. Que algunos son menores... pues que sean: lo mismo necesitan dinero los jóvenes que los viejos. Pignorate me dijo que iba a meter a un muchacho en la cárcel, pero ya verás como no lo consienten sus padres.
—Vamos, qué tenéis una sociedad para prestar a menores y luego... lo arreglan sus familias.
—Así, tan crudo... no; pero el que quiera dinero para vicios que lo pague...
—¿Y después?
—Me metí en el Congreso. Tenía que votar con el gobierno, por pura disciplina, una gran picardía. Sin embargo, como lo primero es el partido, voté. Luego tuve que ir al Círculo para buscar a uno.
—¿Jugaste?
—Poco: hasta las siete.
—¿Y qué tal?
—Medianamente; gané mil pesetas.
—Pues me vienen al pelo.