—Es que no quiero músicas y no se meta usted conmigo, que yo voy por mi camino y la calle es del rey.
—No seas tonta y baja la voz. ¿Qué trabajo te cuesta contestarme a cuatro preguntas? No te arrepentirás; mira que soy muy agradecido.
Julia se detuvo diciendo al chiquitín:
—Aguarda, hijo, que este cabayero me va a sacar de pobre.
—Tu señorita se llama doña Cristeta, ¿verdad? ¿Dónde vivís? ¿Cómo se llama su marido? ¿Cuánto tiempo hace que están casados?
—¡Pero, hombre, se l'a figurao a ustéz que soy catecismo pa responder a tantas cosas!
—Bueno, pues dime lo que sepas.
—¿No ve ustéz que entavía soy yo muy joven pa ese oficio?
—No seas tonta. Lo que ganas tú en dos meses te lo doy yo en un minuto. Por hablar nadie se pierde.
—Sigún... y yo no quiero líos.