—¿Por qué?
—A tí te lo puedo decir.
—¿Necesitas dinero? ¿Quieres la semana o el mes adelantado?
—No; muchas gracias, chico. En esto el dinero no puede nada.
—¿Estás de monos con la señorita? Temo que el noviazgo ese te va a dar mucho que sentir.
—Te equivocas: Paz está conmigo más cariñosa que nunca; parece que hay así como un recrudecimiento en su cariño, y por cierto no sé a qué atribuirlo... no me lo puedo explicar.
—Entonces, ¿qué tienes?
—Lo de mi casa.
—Tu hermano...
—Sí: aquello va tomando mal aspecto.