—Explícate.

—Una de dos: o amas a esa mujer de tal modo que aun desfigurada, la haces tuya... y créeme, ella cederá si lo intentas; o no te atreves a tanto, y entonces... pues te quedas aquí un año, y chico... ¿cómo ha de ser? la mancha de la mora... De todos modos, piénsalo mucho, interrógate y contéstate sinceramente, porque ni debes hacer nuevas protestas de pasión, movido sólo de conmiseración y lástima, ni exponerte a que un arrepentimiento tardío te haga desdichado para el resto de tu vida.

Manuel no estaba para sostener discusión, ni siquiera para expresar lo que sentía.

Pepe siguió haciéndole reflexiones de las que a sangre fría se discurren cuando no es propio el mal que las motiva.

Así estuvieron todo el día y parte de la noche encerrados en el cuarto de la fonda: Manuel, triste y silencioso, leyendo y releyendo la carta: Pepe, aguzando el ingenio y prodigando sutilezas que endulzasen tanta amargura.

Pocos días después Lorenza recibía la presente carta:

«Mi querida amiga: El ser yo quien conteste a lo que ha escrito V. a Manuel, necesita previa explicación. Yo también soy medianero de tristezas: V. experimentará, al leer lo que voy a decirle, una impresión tan dolorosa como la que yo he sufrido leyendo lo que V. ha escrito.

»Cuando Manuel marchó al Havre para embarcarse, me rogó que recibiese cuantas cartas llegasen para él. «Casi todas—me dijo—serán de negocios; las abres y contestas según instrucciones que luego te daré.» Y después, enseñándome el sobre de una escrita por Felisa, añadió: «Las que tengan esta letra me las guardas.» Con posterioridad a su partida llegaron varias que conocí ser de ella, y las guardé: luego faltaron, y como hace tres días recibí la de V., y la letra del sobre en nada se parece a la de Felisa, claro está, la abrí y leí. Por el mal rato que habrá V. pasado al escribirla, podrá V. comprender el que yo estaré sufriendo ahora, porque el objeto de estas líneas es igualmente doloroso. ¡Razón tienen los que afirman que lo novelesco e inverosímil abunda más en la realidad que en los libros!

»Hace cuatro días, cuando esperaba la llegada de Manuel, recibí un telegrama puesto por el cónsul de España en el Havre, que es antiguo amigo mío, y que estaba redactado en estos términos:

»Ocurrido grave y desgraciado accidente a Manuel al desembarcar procedente de América. Conviene venga V. por primer tren.»