—Murió por culpa de el mesmo. Yo le sacudí de plano,—naides me puede tildar de hereje y de lastimar un hombre sin necesidad,—pero en un viaje se me jué de acha, a cualesquiera le puede pasar,—y medio le bajé una oreja... El animal se hizo tráir un puñao de bosta y se lo puso en la herida; le dentró pasmo y estiró la pata. De ahí vino el barullo y cuasi me amuelan. Por fortuna que los testigos y el juez de paz y el médico de polecía se portaron muy decentes, y que de arriba trabajaron juerte, que sino me la iba ver fiero.

—He óido decir,—habló el viejo,—qu'el deputao Menchaca la peliaron lindo.

—¿Y el deputao Mendieta, entonces, que hasta salió a los diarios p'hacer mi defensa?... Y aura, digamé usté, amigazo, ¿cómo no va uno a serles fiel a hombres que lo sirven a uno de ese modo?... Lo qu'es yo, más fácil es que me olvide del nombre 'e mi madre que de un servicio recibido... Ansina, tanto el dotor Mendieta como el dotor Menchaca pueden estar seguros de que en las que vienen yo los güelvo a sacar deputaos...

—¡Llenando las urnas con gatos!—exclamó riendo Sandalio.

—¡Y aunque sean con aperiases, si los gatos no alcanzan!—exclamó Morales, con expresión de la mayor sinceridad.

Y luego, con entonación solemne:

—Sepa amiguito que el hombre que no es honrao es más despreciable que un escuerzo; y que un desagradecido nunca puede llamarse honrao... Pongo por caso ustedes; ni yo ni mi polecía los hemos incomodao nunca... ¿es verdá o no es verdá?

—Es verdá.

—Ustedes van a las reuniones, a las carreras, andan puande quieren y a pesar de que sabemos que son del otro pelo, nunca se les ha dicho nada ni se les ha hecho nada... ¿Es cierto o no es cierto?

—Es cierto... hasta áura gracias a Dios...