—Amigo Basilio,—insistió afectuosamente el comisario,—hábleme con franqueza. Yo lo estimo y trataré de ayudarlo en lo posible... Usted es un vecino serio, un hombre juicioso y algún motivo debe tener para haber cometido ese delito... ¿Por qué mató al padre Jacinto?
—Ya dije: porque era fraile.
—¿Usté enemigo de la religión?
—¿Yo?... ¡No!... Hay unos que creen, hay otros que no creen: pa mí es lo mesmo.
—¿Pero usted no cré?
—¿Yo?... ¡Yo no sé!... ¡Qué vi'a saber yo, que soy un bruto!...
—Pero les tiene odio a los frailes.
—¡Ah! ¡Eso sí!
—¿Por qué?...
Basilio se rascó la cabeza. Luego dijo: