—¡Salga de áhi!... Si usted supiera...

Y la chica suspiró, bajó los ojos y se acercó más al gaucho.

Este se puso de pie, extrañado, cohibido.

—¿Si yo supiera, qué?

—Qué... ¿pero me quiere hacer decir lo que no debo decir?... ¿No ve que... que desde hace tiempo lo quiero?...

Y al decir esto, muy despacito, como si la frase hubiese salido contra su voluntad, dejó caer la cabeza sobre el hombro de Silverio en adorable abandono amoroso...

—¡Caramba!—dijo él, estrechándole la cintura.—¿Y Trifón?

—¿Qué me importa de Trifón?... Si vos me querés...

—Y... yo dentraría... a la verdá... soy chambón pa este juego, pero...

Con acento sonriente y quemándole la mejilla con los labios, ella exclamó: