—La verdá, estoy triste porque ha venido un antojo.
—Y vaia diciendo.
---Velay: mi han contao que en este país no hay diversión más linda qu'el velorio de un negrito.
—No lo engañaron, no. ¡Si arman unos candombes que duran días y qu'es un viva la patria!
—Lo malo es que va p'al año que moro aquí y entuavía no ha muerto ningún negrito.
—Van quedando pocos.
Melitón meditó unos segundos, y luego propuso:
—¿Por qué no matamo uno?
—¡No sea bárbaro, compañero! Matar un cristiano p'al puro gusto 'e divertirse, es mucha herejía.